Puebla se ha consolidado como un punto neurálgico en la infraestructura del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), según los informes más recientes de la DEA (2025-2026). Debido a su ubicación geográfica estratégica, la entidad no solo sirve como zona de consumo, sino principalmente como una vía de tránsito clave para el traslado de miembros y cargamentos de narcóticos hacia la frontera norte y los principales puertos del país.

De acuerdo con la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas, Puebla forma parte del bloque de las 22 entidades con mayor presencia y control territorial del grupo criminal. Esta red logística permite al cártel conectar sus bases operativas en el occidente (Jalisco, Michoacán, Colima) con la salida al Atlántico a través de Veracruz y el centro del país.

A nivel local, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del estado ha identificado que la influencia del CJNG no se limita al tránsito de drogas a gran escala. En colaboración con La Familia Michoacana, el grupo mantiene el control de actividades ilícitas en la Zona Metropolitana de Puebla, destacando:

  • Narcomenudeo y extorsión: operaciones focalizadas en al menos ocho tianguis de la región.
  • Rutas de distribución: uso de la entidad para el movimiento de drogas sintéticas (fentanilo y metanfetamina).

Puebla comparte este nivel de alerta con estados vecinos como Tlaxcala, Hidalgo, Veracruz, Morelos y el Estado de México, creando un cinturón de operaciones en el centro del país que facilita la llegada de precursores químicos desde puertos como Manzanillo y Lázaro Cárdenas hacia laboratorios clandestinos y, posteriormente, al mercado estadounidense.